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¿Cuál es la mejor copa para cada vino?

¿Cuál es la mejor copa para cada vino?

En una de las escenas finales de Sideways, Miles, uno de los protagonistas y fanático absoluto del vino, termina desilusionado y tomando en un local de comida rápida un Château Cheval Blanc 1961.  Es su vino más preciado, una añada icónica que seguramente le costó mucho dinero y atesoró durante años como un fetiche.  Lo interesante de la escena es que lo bebe a escondidas, en el contexto de una hamburguesería y en un vaso de plástico descartable.  Seguramente la situación de consumo menos esperada para un vino de esa categoría, pero que muestra la crisis que atraviesa el personaje.

Si lo pensamos seriamente, el vino está hecho para beberse y si el recipiente que usamos nos permite hacerlo ya es suficiente.  Sin embargo, cuando nos interiorizamos en el mundo del vino aprendemos que nuestro olfato nos puede decir mucho de lo que estamos bebiendo, que la forma del borde podría influenciar, que la forma del recipiente puede hacernos perder la esencia de la bebida.

Las copas potencian la percepción y disfrute de cualquier vino.  No van a hacer magia, los vinos mediocres seguirán siéndolo aunque usemos la mejor copa.  Sin embargo, tomar un gran vino en un vaso corriente equivale a desperdiciar buena parte del potencial disfrute.

Empecemos desde arriba.  La forma del cáliz se cierra hacia su boca para concentrar los aromas todo lo posible.  Al revés, la parte inferior es más ancha para permitir un mayor contacto del vino con el oxígeno, cosa que permite que se “abra” y muestre sus aromas.  Una buena copa además tendrá una superficie pulida para apreciar el color sin deformaciones  y un borde fino.

Luego del cáliz viene el tallo, cuya función principal es poder agarrar la copa de una manera que no se nos caliente el vino.  Si tomamos la copa por el cáliz nuestra mano transferirá calor a través del fino cristal y en cuestión de minutos nuestro vino dejará de ser el mismo.  No es una cuestión de elegancia sino de practicidad que también nos permitirá girar la copa fácilmente.

Por último viene el pie, que le da apoyo a nuestra copa y por eso suele ser proporcional al tamaño de la misma.  A la hora de los brindis o para sostener nuestra copa en un evento de parado, no está mal tenerla desde el pie.

Veamos las copas más utilizadas:

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Para los tintos se estila la copa Burdeos, suficientemente ancha para mover y oxigenar los vinos. De esa manera se permite que tintos complejos e importantes puedan expresarse mejor y nosotros percibir sus secretos

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Para blancos se estila una copa con un tallo más largo y un poco más estrecha. Con esto se busca no transmitir calor al vino y también que no se oxide tanto porque los blancos se expresan más fácilmente que los tintos.

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Para los espumosos el uso más extendido es el de la copa flauta, que permite apreciar mejor las burbujas y las retiene por más tiempo. Antes se estilaba la copa baja y muy ancha, pero el gas se escapa muy fácilmente.

En los últimos años el mundo de las copas ha ido creciendo mucho y las compañías cristaleras como Riedel han llegado a sacar copas para cada varietal de vino.  Así, dicen, buscan potenciar lo mejor de cada uno.  Sin embargo muy pocos consumidores irán a comprar una copa para cada varietal, salvo algún fanático de cierta cepa que quiera tener su copa específica.

Siempre se puede ser más específico y más exquisito, pero no hay que enloquecer.  Si recién te estás iniciando en el mundo del vino, con unas copas genéricas (ni tan grandes, ni tan pequeñas) y unas flautas ya tenés lo necesario para disfrutarlo plenamente.  De a poco, notarás la necesidad de conseguir un mejor cristal y una copa más precisa.

Como pasa con los vinos, es necesario probarlo todo, porque hay copas con las cuales nos sentiremos más cómodos que con otras.  Un ejercicio interesante que podemos hacer es elegir varios modelos de copas, vasos, tazas y cualquier recipiente que haya, servirlos con el mismo vino y catar cada uno.  El resultado te sorprenderá y notarás que la forma de la copa es importante

 

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Ariel Rodriguez
Provengo del mundo de las letras, pero siempre me definí como un entusiasta del vino. Fui aprendiendo poco a poco sobre el noble brebaje, escuchando a otros, leyendo libros, asistiendo a degustaciones, etc. y se me ocurrió la idea de comunicar sobre lo que me gustaba. Mi blog se convirtió en un espacio de crítica libre, un hobby para despuntar el vicio de la escritura, hablar sobre lo que bebo y mil reflexiones más que se me ocurren sobre el mundo del vino argentino. La ausencia de vínculos comerciales, me permite una voz libre y sincera de la que quiero hacerlos parte.

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1 Comment

  • Emi 31 marzo, 2017 08:11

    En muchos sitios para los blancos también he visto la copa burdeos y viceversa aunque es cierto, que (no siendo experto en vino sino un mero aprendiz o wine lover) me da la sensación que no se perciben los aromas y sabores igual, ¿puede ser esto cierto?
    Beber un vino tinto, como un vino bobal por ejemplo de utiel requena en una copa de burdeos nada tiene que ver en que te la pongan en una copa más estrecha, no se aprecian tanto las excelentes cualidades de este vino. Desde mi punto de vita… 😉

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