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Pastas y vinos tintos

Pastas y vinos tintos

En una de las facetas en que más se nota la influencia inmigratoria en nuestro país es en la gastronomía.  No hay que hacer estudios muy sesudos para notar la influencia de la buena mesa española, italiana y latinoamericana.  En ese sentido, las pastas son un claro ejemplo.  En muchos hogares, las pastas del domingo con toda la famiglia unita son un clásico tan infatigable como el fútbol.  Pero también las pastas son un comodín para las comidas semanales que en los últimos años se descontracturaron bastante y se alejaron de la clásicas salsas de tomate para volver a enamorarse del buen aceite de oliva, encontrar nuevos ingredientes que los acompañen e incluso formar parte de ensaladas y salteados.

Argentina es el sexto consumidor mundial de pastas, tan arraigadas las tenemos, y sumado a los buenos vinos el maridaje es inevitable.  Empecemos por lo clásico: unas buenas pastas, con una salsa contundente y… vino tinto.  Como sabemos, no todas las salsas son iguales así que más allá del favorito que tengamos, podemos tratar de buscar un vino que acompañe mejor nuestros platos.

El truco está principalmente en las salsas, salvo en las pastas rellenas donde pueden jugar otros factores que ya veremos.  Y si bien no es lo mismo una elaborada con tomates procesados de supermercado que con tomates frescos (por lo general más ácida), vamos a dejar ese margen abierto para el gusto personal.

Las salsas más ligeras como la filetto o su variente con crema, la salsa rosa, son ideales para vinos tintos jóvenes y frescos.  En Italia nos dirían que vayamos por un Chianti sin pensarlo, pero nosotros podemos ver entre las opciones locales tintos con poca madera y de cuerpo medio o buscar la frescura de los valles fríos de altura como Valle de Uco.

Cuando entramos en terrenos más calóricos como el del tuco (que por lo general lleva carne), la salsa bolognesa (carne, zanahoria, apio), la salsa amatriciana (panceta y pimiento) o la putanesca (pimientos, anchoas, aceitunas negras) ya podemos pasarnos a tintos con más cuerpo y crianza.  Nuestros Malbec y Cabernet Sauvignon van a acompañar de maravillas y dejar contento al nonno y al resto de los paladares que nos acompañen.  Un maridaje más jugado, pero no menos satisfactorio es ir por el Cabernet Franc, ese tinto que es tendencia por su estilo algo austero y herbal,  un sabroso contrapunto con el Malbec de siempre.

Los ravioles son todo un tema aparte.  Porque además de la salsa, para lo cual podemos guiarnos con los puntos anteriores, está el relleno.  Más allá de los clásicos de siempre hoy no es raro encontrar rellenos de lo más diversos como cordero, zapallo, salmón, etc.  ¿Y ahora qué hacemos?  Sigamos las reglas del maridaje clásico: rellenos claros, vinos blancos; rellenos oscuros, vinos tintos.  A grandes rasgos nos podrán salvar.  Difícilmente hagamos unos ravioles de salmón rosado con una salsa bolognesa super cargada y, viceversa, nadie hará unos ravioles de cordero con una salsa ácida.  Pero si la cosa va solo de tintos, como nos propusimos hoy, para rellenos más bien livianos pensar en tintos ligeros y frescos, como un Merlot, un Pinot Noir o un Malbec de altura con poca crianza.  Para los canelones operan las mismas opciones.

Dicen los que saben que en Italia hay pastas secas, frescas, rellenas y… lasagna.  Este plato es muy versátil a la hora de elaborar (lo que no quiere decir fácil) porque admite variedad de rellenos, aunque lo tradicional es que lleve carne de cerdo y vaca.  A la hora de buscar un tinto ese relleno y la salsa que acompañen la lasaña serán nuestros guías.  Siguiendo las premisas anteriores cuanta más carnes y tomate concentrado tenga podemos ir por caldos de más cuerpo, concentración y crianza.

Este domingo salen pastas me parece.

Ariel Rodriguez
Provengo del mundo de las letras, pero siempre me definí como un entusiasta del vino. Fui aprendiendo poco a poco sobre el noble brebaje, escuchando a otros, leyendo libros, asistiendo a degustaciones, etc. y se me ocurrió la idea de comunicar sobre lo que me gustaba. Mi blog se convirtió en un espacio de crítica libre, un hobby para despuntar el vicio de la escritura, hablar sobre lo que bebo y mil reflexiones más que se me ocurren sobre el mundo del vino argentino. La ausencia de vínculos comerciales, me permite una voz libre y sincera de la que quiero hacerlos parte.

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